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Opinión – Un charro mexicano a la conquista del diamante

Pliego Villarreal | febrero 1, 2022

Opinión – Un charro mexicano a la conquista del diamante-1

La gloria está a un sombrero de distancia | Foto: Cero Cero (Arnulfo Briones)

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Esta es la historia de un charro mexicano que vivía en su natal Jalisco, tierra del tequila, bonitas historias y leyendas. Este charro se levantaba todos los días y lo primero que hacía era ir a su oficina a leer sus cartas y sacar el lodo de sus pensamientos para estar más ligero y poder montar su pony para visitar a doña Tita Caruso, una señora Colombiana de padres americanos que desde muy chiquilla la llevaron a vivir a La Chona, Jalisco.

La señora tenía un puesto de tortas ahogadas con salsa verde pasada por chicharrón guisado que eran todo un éxito en Guadalajara. Pues al mentado charro le encantaba mucho ir a almorzar mientras miraba esos ojos verdes lamosos de Doña Tita Caruso.

Un manjar | Foto: Mexicana Food

Una vez, el charro llegó para invitarla a la kermés del rancho. Esa noche tocarían Los Humildes, Intocable, y 3 conjuntos locales, aparte, habría casamientos y concursos como ponle la cola al burro, saca el palo del dedal, mete la bola en los vasos rojos y todas esas mamadas nuevas que inventan los morros.

Cuando el charro le hizo la cordial invitación a Doña Tita, esta le dijo que estaba saliendo con un pizcador de tomate de Culiacán, esto charro le destrozó el corazón en 77 partes. ¡Pobre, charro! No comía, no dormía, tenía colitis, estrés y ganas de morir por tan cruel noticia. Empezó a buscar al tomatero para matarlo y poder tener los portones abiertos, meter su pony a casa de Doña Tita por la puerta de atrás y pedirle nupcias.

El charro viajó en avión hasta Culiacán con todo y su pony, le compró un asiento en primera clase para que descansara y tuviera fuerza suficiente para estar listo por si se armaba el tiroteo llegando. El charro preguntó por el pizcador en todos los puestos de menudo y marisquerías de Culiacán hasta que le dieron razón del tomatero, la gente le dijo al charro que había un concurso de tiro y el tomatero se había inscrito, el charro llegó y también se inscribió. El ganador se llevaba un viaje a República Dominicana para entrar al concurso de gala, ahí era donde los mejores pistoleros se iban a dar en su madre. El viaje estaba lleno de monedas doradas para el alma, te daban las comidas gratis, cerveza helada y 2 horas para platicar con un matraquero muy famoso de México, creo que de Hermosillo más no recuerdo.

Cuidado con el Charro | Foto: Charro Virtual

Llegó el día de la competencia. El charro por fin conoció al tomatero a la hora de los tiros y se empezaron a dar de madrazos; con sillas, con el cinto… El tomatero traía un azadón y un cavador giratorio y le empezó a pegar al charro, toda la afición gritaba y lloraba, había mil emociones por todas partes, hasta que el charro sacó la pistola y le dio 4 tiros al tomatero en 7 segundos, tenía mucha rapidez pal’ gatillo el cabrón y ahí sembró al tomatero en el suelo. El charro había ganado el concurso, se fue a tomar como un loco y dicen que se fue a festejar a Guadalajara sin miedo a crudas o desvelos.

El charro recibió una llamada del concurso de gala en la República Dominicana, le dijeron que podría agarrar refuerzos y armas porque en el libro de reglas venían así escritas. El charro agarró un pela papas, 4 canicas y un limón. El charro ya tenía todo controlado, según él, pero en estos concursos la suerte va pa’ todos lados y no hay enemigo chico.

La primera competencia fue contra un Dominicano muy alto llamado Gonzalo, este peleador es el favorito de muchos periodistas y hasta de los narradores del concurso, pero eso se tiene que mirar cuando se queda solo contra el contrincante. El momento llegó, y cuándo el juez empezó la pelea, Gonzalo luego luego le dio un coscorrón y la gente se levantó de sus sillas y empezó hacer jolgorio; unas bailaban, otros gritaban, se puso buen el tiro pero el ganón fue Gonzalo en una pelea muy apretada e interesante.

En la segunda pelea, al charro le tocó contra un pelado venezolano con mucho dinero que llevó a su panda como mascota. El concursante tenía muchos barcos para navegar cuando él quería, este vato se llamaba Nuno Betancurt, tenía cabello lacio muy largo al ras del fundillo y tocaba la guitarra muy bonito. La gente decía que él estuvo con una agrupación muy famosa llamada Extremo y tenían un hit llamado “Más que las palabras”, pero eso aquí no funciona. ¿Nada más por ser músico se te abren las puertas y la vida es más fácil? ¡Pos’ no señor! Uno tiene que demostrar y saber disparar la fusca cuando sea necesario.

El juez dio el banderazo y empezaron los chingazos. El charro ni las manos metió. Puede ser que un día antes se fue con una venezolana a comer, dicen los nativos que vieron al charro mordiéndole la empanada a una muchacha, que los vieron comer asado negro, perico por la boca y arepa con cubetas de cerveza, creo eso lo debilitó porque Nuno le metió una chinga de 6 minutos.

La magia de Venezuela | Foto: Recetas de Rechupete

Después, al charro le tocó competir contra un colombiano llamado Carlos Tizoc Buñuelos, ex novio de una muchacha de pies descalzos. Este güey tenía botas de cocodrilo, decían que era bueno pa’ las patadas, aunque para muchos, ese peleador no traía nada en el morral, pero poco a poco fue demostrando que las patadas con bota de cocodrilo calan bien feo.

Carlos Tizoc Buñuelos está sorprendiendo a mucha gente experta del tema por sus resultados inesperados, pero cuando el juez anunció la pelea, nomás no se pegaban, fue como de esas peleas de kínder que es pura lengua larga pa’ ver cuando tira chingazo el otro, pues el charro sacó las canicas de refuerzo se las tiró en las botas y Carlos de resbaló, se desnucó y ahí quedó. El charro había ganado por fin una batalla.

En su cuarta pelea le tocó contra Peter Pablo Domenec, un puertorriqueño que vendía caguamas con popote y salsa en bolsa en las hectáreas de su rancho cafetalero. Peter Pablo era fiestero pero muy madrugador, dicen que era de esos hombres que empezaban a tomar temprano para dormir temprano, ve tú a saber las mañas que tenía el viejo para estar siempre al 100 y vender sus productos todos los días.

Domenec se enfrentaría al charro, que ya venía de ganar. El charro, ya sin las canicas, tenía el limón que se llevó como refuerzo y los usó muy inteligentemente; cuando el juez abrió pista pa´ la pelea, el charro puso una mesa de madera plegable y 2 sillas viejas, le compró una caguama a Peter, la abrió , sacó el cuchillo y la gente se asustó, pero el cuchillo era para partir el limón y hacer una michelada. Los peleadores empezaron a conversar de la vida cotidiana y compartir pensamientos, pero cuando el charro vio que Peter aflojó el cuerpo, le hecho limón en los ojos y le quebró la caguama en la cabeza; Peter Pablo cayó al desmayo y el charro volvía a ganar.

Una cervecita siempre cae bien | Foto: Cocina delirante

Luego le tocaba con un panameño, y dependiendo ese resultado, veremos en qué lugar pasa para las finales, pero esa es otra historia que les contaré después para ya no quitarles tiempo. Lo único que si les digo es que el Charro Mexicano llegó muy lejos, y lo más bonito es cuando regresó a su tierra para ver a Doña Tita Caruso y tener un final feliz.

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Tuvimos en nuestras manos uno de los jersey que conmemoran el aniversario 80 de Los Diablos Rojos del México. Echa un vistazo al unboxing y recuerda que tenemos mucho más contenido beisbolero en nuestro canal del YouTube.

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