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Guerra y futbol, entre tanques y balones

Ayax Bellido | marzo 2, 2022

guerra futbol historia eventos

Foto: Christmas Truce / Wikipedia

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Un balón siembra un instante de paz allá donde llevan décadas de guerra. En medio de los conflictos armados, más de una vez el futbol se ha manifestado como una luz de esperanza, momentos en que se bajan los fusiles y los únicos disparos que surcan violentamente el viento son aquellos que intentan ir en dirección al arco, instantes en dónde la única munición que existe es una caprichosa pelota.

Equipos, futbolistas, camisetas o cromos se han convertido en un arma capaz de derribar barreras. Jugadores y clubes han plantado cara con inquebrantable aplomo a aquellos líderes de Estado que han perpetuado la paz con su grandilocuencia, soberbia y vanidad. Pero también, el deporte más popular del mundo ha sido utilizado como un engranaje de maquinarias propagandísticas que buscan instalar la idea de que, entre humanos, existe una raza superior al resto.

Futbol y guerra, una analogía que incluso ha encontrado gran validez entre la crónica deportiva, dos conceptos que a lo largo de la historia han tenido una estrecha relación, pues así como un balón ha sido luz en los momentos más oscuros y violentos de la guerra, también ha sido la chispa capaz de encender un polvorín que convierte en astillas a todo un país.

Imagen: Pixabay

Futbol en las trincheras

Nochebuena de 1914, frente de Ypres, Bélgica. Primera Guerra Mundial. ¿Noche de paz? Nada de eso, como en los días anteriores, aquel 24 de diciembre también había traído muerte y desolación para los soldados que se encontraban en el frente de batalla.

Los dos ejércitos enemigos descansan en sus trincheras. De un lado estaban los alemanes, y del otro, ingleses y australianos. Fue entonces que el teniente alemán Zehmisch entonó la canción Noche de paz, y el resto de su tropa lo siguió. Tras un rato cantando, escucharon cómo desde la trinchera británica interpretaban la misma melodía en inglés. Al acabar, el teniente Zehmisch grita: “¡Fröhliche Weihnachten!” Al instante, en la trinchera enemiga se escucha “¡Merry Christmas!”.

Al amanecer, un soldado británico decidió abandonar su refugio con las manos en alto y un sombrero lleno de cigarrillos. El gesto es correspondido por el teniente Zehmisch, que sale de su trinchera para estrechar la mano de su enemigo y desearle una Feliz Navidad. Ambos bandos acordaron una tregua para enterrar a sus muertos, y mientras esto ocurría, de forma totalmente espontánea apareció Tommy, un joven soldado escocés, con un balón en sus manos para proponerles jugar al futbol.

Foto: Christmas Truce

Así fue como comenzó el partido entre los dos bandos, que terminó con la victoria de los alemanes en un apretado marcador de 2 a 1. Aquello ya era un presagio de lo que Gary Lineker diría unos años más tarde, pues bien sabemos que el futbol es un deporte inventado por los ingleses que se juega 11 contra 11, y en el que siempre gana Alemania.

Memorable partido de futbol en aquella tierra de nadie, en ese sitio abollado y devastado por el impacto de las granadas donde con cascos como postes se improvisaron las porterías, y donde una vez más quedó demostrado que el deporte nos une más de los que nos separa, y que solo hace falta un balón de por medio para encontrar aunque sea, unos instantes de paz.

El partido de la muerte

Durante esta última semana, una noticia sacudió el mundo: Rusia invadió Ucrania. Las tropas de Putin intentan tomar control de algunas de las principales ciudades ucranianas incluida la capital, Kiev, en un hecho que según los historiadores no se daba en esta región del mundo desde la Segunda Guerra Mundial.

Es justo en ese contexto, en 1942, durante la ocupación nazi de Kiev, donde el futbol entregó uno de los relatos más memorables de su historia. Los antiguos miembros del equipo Dínamo trabajaban en la Panadería y en verano ocurrió uno de esos milagros que solo el sol trae en los países de Europa oriental: se volvió a jugar futbol tras el crudo invierno. Los panaderos comunistas formaron el equipo Start y organizaron unos cuantos partidos contra un par de escuadras ucranianas y un equipo húngaro, a los cuales golearon de forma contundente y demoledora.

Foto: La Vanguardia

No tardaron en recibir el reto de una escuadra alemana. La tensión aumentó en Kiev cuando el Start enfrentó al cuadro teutón llamado Flakelf. Los ucranios cumplieron en el campo y derrotaron a su similar 5-1 tras una brillante actuación. El deporte era un eje clave de la ideología nazi. En 1936, cuando Noruega derrotó a Alemania en los Juegos Olímpicos de Berlín, Paul Joseph Goebbels escribió en su diario: «100,000 personas abandonaron el estadio deprimidas. Ganar un partido puede ser más importante que conquistar algún pueblo en el este«.

Fue entonces, que el Flakelf exigió la revancha. El segundo juego se celebró el 9 de agosto de 1942. El árbitro era miembro de las SS y el equipo alemán recibió refuerzos: se trataba de aviadores nazis mejor alimentados, los cuales intentaban imponer su físico ante el talento de los panaderos de Kiev. Antes del partido, el árbitro visitó a los ucranianos y pidió que al salir a la cancha hicieran el saludo nazi, sin embargo, cuando el Flakelf gritó «Heil Hitler!«, los jugadores del Start exclamaron: «FizcultHura!«, un lema que usaban los equipos soviéticos de la época y que significa “¡Viva el deporte!«.

Foto: La Vanguardia

Durante el desarrollo del encuentro, el árbitro permitió el juego rudo de los alemanes que con entradas certeras golpeaban sin ningún tipo de rubor a los jugadores del equipo local. Aun así, el primer tiempo terminó 3-1 a favor del Start y durante el descanso un oficial alemán les advirtió de las consecuencias de ganar, por lo que los jugadores, sin dudarlo un solo instante, tomaron una valiente determinación: el partido terminó 5-3 en favor de los ucranios.

Durante décadas se ignoró lo que pasó después. Una leyenda aseguraba que los futbolistas habían sido fusilados tras el silbatazo final, hasta que el primer reportaje sobre el tema se publicó en 1959 y se conoció el terrible desenlace: un jugador fue torturado hasta la muerte y los demás fueron llevados al campo de concentración de Siretz.

Foto: La Vanguardia

Los reportes señalaban que la gran jugada de aquel partido de 1942 en Kiev fue realizada por Alexei Klimenko, quien sorteó a la defensa del Flakelf, se quitó al portero de encima y llegó a la línea de cal frente a la portería. En vez de empujar el balón a las redes, lo pateó al centro del campo. Los nazis no soportaron ese gol fallado adrede por el más joven del equipo ucraniano. El escritor y ensayista mexicano Juan Villoro ha publicado este relato en su libro Balón Dividido (2014) y menciona que Klimenko hizo la jugada más valiente en la historia del futbol. Solo ante la portería, demostró a sus verdugos que no era como ellos: les perdonó”.

El partido fantasma: la URSS vs Pinochet

Aquella ridícula puesta en escena del 21 de noviembre de 1973 en la capital de Chile pasó a la historia como una de las tardes más tristes en la historia del futbol: una victoria sin gloria y una clasificación a un Mundial sin celebración.

Aquel día en el Estadio Nacional de Santiago; Chile y la entonces Unión Soviética debían jugar la vuelta de la repesca para el Mundial de Alemania del 74. Sin embargo, los soviéticos nunca llegaron, alegando cuestiones políticas y de seguridad que le impedían hacer el viaje. Orden directa del Kremlin. La URSS se negaba a viajar y disputar un encuentro en un país convulso y en un escenario de torturas aún manchado de sangre, ya que apenas unos meses antes había estallado el golpe de Estado en Chile.

Foto: Chile AS

El Estadio Nacional de Santiago había sido utilizado por el general Pinochet como centro de detención y tortura de opositores al régimen militar. Se estima que más de 40,000 personas pasaron por el recinto del barrio de Ñuñoa en aquellos meses en calidad de detenidos, convirtiendo sus gradas en una improvisada cárcel y su interior en cuartos de tortura donde se ejecutaban a opositores del nuevo régimen.

A pesar de este contexto y de la delicada situación que se vivía en el país sudamericano, la FIFA permitió la celebración del encuentro. El máximo organismo del fútbol mundial ordenó a los chilenos saltar al campo pese a la ausencia de la URSS, y por si no fuera suficiente con el bochorno de un partido fantasma, debían anotar un gol simbólico a puerta vacía para sellar la clasificación al Mundial de Alemania 1974.

«Fue el show futbolístico más burdo que me tocó vivir. El teatro de lo absurdo«, recuerda Carlos Caszely, delantero de la selección de Chile por aquel entonces.

Foto: Marca

Yugoslavia, un país roto y una generación perdida

A principios de la década de los noventa, la Guerra de los Balcanes explotó y dejó a un país totalmente roto, y de paso, truncó la trayectoria y los sueños de gloria de una talentosa e incomparable generación de futbolistas yugoslavos.

El 30 de mayo de 1992, debido al recrudecimiento del conflicto, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas decretó un bloqueo total a Yugoslavia que incluía la prohibición de participar en cualquier competición deportiva internacional, incluidos los Juegos Olímpicos. El secretario general de la FIFA, Joseph Blatter, también asumió una postura y anunció que Yugoslavia no participaría en la Eurocopa que estaba a 12 días de comenzar en Suecia, y que Dinamarca -a la postre campeón del torneo- se encargaría de tomar su lugar.

Foto: Getty Images

Ahí nos dimos cuenta de que Yugoslavia iba a desaparecer como país; de que nuestra generación, que era muy buena y seguramente habría hecho historia, iba a romperse y que cada uno tendría que defender un país distinto”, recuerda Pedja Mijatovic, uno de los jugadores yugoslavos más destacados en aquella época, en declaraciones recogidas por el periódico El Pais.

La Eurocopa de Suecia iba a ser el primer gran escaparate para una camada de juveniles técnicamente superdotados que había cautivado al mundo del futbol cinco años antes proclamándose campeones mundiales sub-20 en Chile. Savicevic, Stojkovic, Boban, Prosinecki, Suker, Jarni, Mihajlovic, Boksic, Pancev, Mijatovic y compañía conformaban un elenco de talentosos jugadores a los que la guerra les negó la oportunidad de mostrarle al mundo que estaban frente a una nueva potencia del balompié.

Muchos de estos jugadores, harían historia en el Campeonato Mundial de Francia 1998 al alcanzar el tercer lugar del torneo, solo que esta vez, en lugar de la mítica playera azul de Yugoslavia, portaban la inconfundible playera de cuadros rojos y blancos que distingue a la Selección de Croacia.

Suker celebra el campeonato Sub 20 con Yugoslavia I Foto: Getty Images

12 años sin Mundial de Futbol

En cuanto comienzan a rodar los tanques, el balón deja de hacerlo. La Segunda Guerra Mundial dejó doce años sin justas mundialistas a los aficionados del futbol. Desde Francia 1938 hasta Brasil 1950 los gritos de gol se ahogaron mientras el mundo era testigo de las atrocidades que los distintos ejércitos cometieron en un continente que durante 6 años respiró pólvora y desolación.

Los eventos cancelados fueron el Mundial de Alemania 1942 y el Mundial de Estados Unidos 1946 debido a que en ambos casos la seguridad e integridad de los aficionados no estaba garantizada. Desde entonces nunca se ha cancelado una justa mundialista. Este año, en Qatar se celebrará una nueva justa del torneo de naciones más importante del futbol, al tiempo que la sombra y amenaza de la guerra se vuelve a posar sobre Europa y el planeta en general.

Foto: La Vanguardia

Eso sí, la guerra y el futbol de nuevo entrelazan sus destinos, y el actual suceso bélico que se vive entre Rusia y Ucrania ya ha tenido sus consecuencias alrededor del balón: la FIFA y la UEFA han eliminado a las Selección Rusa de toda competencia, por lo que no competirán en el Mundial de Qatar 2022 pese a que aún podían ganarse un lugar en el repechaje, donde debían enfrentar a Polonia.

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