El futbol mexicano ha tenido decenas de ídolos a lo largo de las décadas y en esa selecta lista sobresale el nombre Horacio Casarín. Considerado como el primer referente del balompié azteca, el ‘Chamaco’ brilló principalmente como jugador del Necaxa, Atlante y, desde luego, en selección nacional.
Primeros pasos
Horacio Casarín Garcilazo nació el 25 de mayo de 1918 en la colonia Roma de la Ciudad de México, en el seno de una familia de clase media. En 1924 se trasladó a Estados Unidos junto a sus padres y hermanos y luego de cinco años regresó a su país natal, donde pudo dar sus primeros pasos en las canchas.

Debutó con los rojiblancos a la edad de 17 años | Foto: Club Necaxa (Twitter)
Corría el año de 1931 cuando Horacio Casarín fue registrado en las categorías infantiles del Necaxa y en ese club mostró un talento único para el futbol. En un principio se desempeñó como defensa, pero su gran pegada con ambas piernas y un remate de cabeza privilegiado le permitieron destacar como delantero.
Tras su periodo formativo en las inferiores de los rojiblancos, su gran oportunidad le llegó a la edad de 17 años en febrero de 1936 en un duelo frente al Real Club España. Casarín marcó en su partido de debut y así inició una de las más grandes historias del futbol mexicano.
El ‘Chamaco’
El todavía muy joven Horacio, a quien bautizaron como ‘Chamaco’, formó parte de un verdadero conjunto de época en la era amateur del balompié nacional. Por aquellos años el Necaxa era conocido como el equipo de ‘Los Once Hermanos’ y Casarín aprovechó la lesión de Hilario ‘Moco’ López para aportar toda su calidad.
Con los ‘Electricistas’ se coronó en el torneo de Copa México en el año de su debut y meses más tarde celebró el campeonato de la temporada 1936/37. En poco tiempo se ganó el cariño de la afición del Necaxa y de otros clubes que ya lo veían como el gran ídolo gracias a sus participaciones con Selección Mexicana desde su primer duelo en septiembre de 1937.

Su paso por Selección Mexicana fue destacado | Foto: Uniformes Selección Mexicana (Twitter)
En febrero de 1938 integró el combinado nacional que disputó los Juegos Centroamericanos disputados en Panamá. México se coronó por segunda ocasión consecutiva en dicho certamen y el ‘Chamaco’ Casarín se lució con seis anotaciones, y en su regreso al Necaxa se consolidó con su segundo título de liga en la campaña 1937/38.
Para la siguiente temporada, el conjunto de ‘Los Once Hermanos’ nuevamente estaba en la lucha por el título y el 29 de marzo de 1939 enfrentó al Asturias en un partido que pasó a la historia. La cita fue en el Parque Asturias y el Necaxa necesitaba de un triunfo para mantenerse en la pelea por el campeonato.
Como era de esperarse, Casarín tuvo una actuación sobresaliente y eso provocó recibiera una marca férrea por parte de los rivales. A pesar de que los rojiblancos tenían una cómoda ventaja, una serie de polémicas decisiones arbitrales permitieron que el Asturias igualara el marcador, lo cual desató la furia de la afición.
El encuentro terminó con empate a dos anotaciones y en las tribunas del Parque Asturias, la enfurecida afición necaxista incendió las luminarias. Debido a que las gradas eran de madera, el fuego consumió rápidamente casi la mitad del estadio, y los bomberos poco pudieron hacer para controlar las llamas.
Años dorados en Atlante
Tras ese partido, el ‘Chamaco’ sufrió una fuerte lesión que lo alejó más de un año de las canchas y tras su larga rehabilitación sufrió para encontrar su mejor versión. En 1942 finalizó su contrato con Necaxa, y varios clubes de la capital de inmediato se interesaron en sus servicios.

Casarín llegó al Atlante en 1942 | Foto: Historia Azulgrana (Twitter)
Uno de ellos era el América, el cual se comprometió a igualar su salario, pero el general José Manuel Núñez se interpuso en el camino y le ofreció el mismo sueldo en el Atlante con un puesto en el Banco de México. Por aquellos años era difícil que un jugador pudiera vivir únicamente del futbol y en Necaxa siempre alternó el juego con su trabajo en la Compañía de Luz.
Horacio se inclinó por ‘Los Prietitos’ y así continuó su leyenda en el futbol mexicano, justo en la transición hacia el profesionalismo. Con el conjunto azulgrana vivió grandes momentos dentro y fuera de la cancha, y su carisma le ayudó a trabajar como modelo para marcas de hojas de afeitar y ropa de caballero.

Casarín fue el primer jugador con presencia en el cine | Foto: Jair Serrano (Twitter)
De la mano de Joaquín Paradavé debutó en el cine en la cinta Los hijos de Don Venancio de 1944, en la que interpretó a Horacio Fernández; un jugador del Atlante. En el club también coincidió con otros históricos como Rafael Meza, Angelillo Nicolau y Martí Ventolrà, con quienes estableció la marca de 121 goles en la temporada 1945/46.
Aventura en Barcelona
‘El Equipo del Pueblo’ no pudo coronarse en ese año, pero sí lo hizo una temporada más tarde y Casarín conquistó el tercer título de liga en su palmarés personal. Como jugador del Atlante marcó 107 goles y en 1948 se despidió del club azulgrana para probar suerte en Europa debido al interés del FC Barcelona.
Para viajar a la capital catalana tuvo que vender su automóvil y por los estragos de la Segunda Guerra Mundial, el equipo ‘Culé’ únicamente le podía igualar el salario que ya ganaba en México. Casarín disputó algunos encuentros no oficiales con el Barcelona, y cuestiones contractuales impidieron que se quedara.

En su regreso a México ya lo esperaba el España | Foto: Luis Gerardo Lugo (Twitter)
En su regreso a México fue contratado por el Real Club España y la fortuna volvió a sonreírle, incluso fuera de las canchas. En alguna ocasión caminaba por las calles de la ciudad y compró un billete de lotería con el número ‘1918’ (año de su nacimiento) y para su sorpresa se ganó el premio mayor.
Cumple un sueño
Con el España jugó hasta 1950, año en el que pudo cumplir su sueño de jugar una Copa del Mundo, pero no todo fue bueno para México. El equipo nacional quedó eliminado en la primera ronda con derrotas ante el anfitrión Brasil, Yugoslavia y Suiza, a la que tuvo oportunidad de marcarle en el descalabro de 2-1.

En su carrera también jugó para el Zacatepec | Foto: Uniformes Selección Mexicana (Twitter)
La temporada 1950/51 significó su regreso al Necaxa y en ese periodo conquistó el único título de goleo en su carrera al finalizar la temporada con 17 tantos. En el siguiente año se incorporó al Zacatepec para desempeñarse como jugador y entrenador, en una campaña donde terminó como subcampeón.
Gracias a su trabajo en el Zacatepec, tuvo la oportunidad de dirigir a la Selección Mexicana en un partido de eliminatoria mundialista frente a Haití. Tras su paso por los ‘Cañeros’ vivió una segunda etapa en el Atlante entre 1953 y 1955, pero su cuota goleadora quedó lejos de las expectativas.
El retiro
La carrera de Casarín se acercaba a su final, pero antes tuvo la oportunidad de portar la playera del América en la 1955/56, en la que registró 13 anotaciones. Con 37 años jugó sus últimos partidos en Selección Mexicana y previo a su retiro, fue reclutado por el Monterrey en la temporada 1956/57.

El ‘Chamaco’ se retiró en las filas del Monterrey | Foto: Alberto Sandoval (Twitter)
En el conjunto regio tuvo un retiro silencioso con cuatro goles para despedirse definitivamente de las canchas como el máximo goleador del futbol mexicano. Fueron 283 dianas las que marcó Horacio Casarín a lo largo de su carrera en clubes, con un récord que se mantuvo vigente por casi 30 años.
Tras su despedida se mantuvo ligado al balompié nacional y en 1977 estuvo al frente del ‘Tricolor’ junto a Alfonso Portugal en el Campeonato Juvenil de Túnez. En ese certamen, México terminó como subcampeón y el ‘Chamaco’ continuó su carrera como técnico con el Zacatepec.

Su último trabajo como entrenador fue en el Atlante | Foto: Historia Azulgrana (Twitter)
En la 1978/79 llevó a los ‘Cañeros’ hasta la Liguilla y la siguiente campaña dirigió a los Tecos de la UAG en un breve periodo. Su último trabajo como estratega lo hizo con el Atlante, al que guio hasta una final de liga y coincidió con Cabinho, quien superó su récord de más goles en el campeonato local.
La leyenda
El gran ídolo mexicano vivió sus últimos años alejado del futbol y prácticamente olvidado por los federativos. Durante la última década de su vida padeció de Alzheimer, y en ese periodo fue homenajeado en la cancha del Estadio Azteca con un partido entre Necaxa y América en enero de 2003.

En 2003 fue homenajeado por el Necaxa | Foto: Necaxa Religión (Twitter)
En las primeras semanas de 2005 murió su esposa María Elena King, a quien conoció en 1938 cuando ella visitaba los entrenamientos del Necaxa. Sin duda fue un episodio difícil en su vida, y dos meses más tarde, el 10 de abril de 2005, el gran Horacio Casarín falleció víctima de una infección renal a los 86 años de edad.
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