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China y su fallido sueño de convertirse en potencia del fútbol: ¿qué salió mal?

China población, infraestructura, dinero y demás cosas, pero no ha podido potencializarse en el fútbol, por lo que vamos a conocer las razones.
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China no ha logrado ser potencia en el fútbol | Foto: Especial

China tiene prácticamente todo lo que, en teoría, necesitaría un país para convertirse en una potencia deportiva: una población gigantesca, recursos económicos, infraestructura y capacidad para desarrollar proyectos a largo plazo. En muchas disciplinas, el país asiático es la punta de lanza -véase en los Juegos Olímicos-, competencia donde dominan todo; sin embargo, en el fútbol, además, llegó a intentar algo que pocos países se habían atrevido a hacer a semejante escala: construir deliberadamente una potencia mundial.

Durante la década pasada, el futbol chino apareció constantemente en las noticias por los millones que sus clubes gastaban para contratar a algunas de las mayores estrellas del mundo. Oscar, Hulk, Carlos Tévez, Ramires, Jackson Martínez y Axel Witsel, entre otros, llegaron a la Superliga china durante aquella época de esplendor.

El proyecto, sin embargo, no produjo la selección que China esperaba. La realidad es que el país solamente ha participado en una Copa del Mundo, la de 2002, y ni siquiera consiguió clasificarse para el Mundial de 2026.

Entonces, ¿por qué China no es potencia en el futbol? Aquí vamos a desmenuzar las posibles causas del fracaso que tienen en este deporte.

China quiso conquistar el futbol

Para entender el fenómeno hay que regresar a la década de 2010, cuando el gobierno chino comenzó a impulsar un ambicioso proyecto para transformar al país en una potencia futbolística.

En 2016 se presentó el Plan de Desarrollo del Futbol de Mediano y Largo Plazo 2016-2050, con la intención de convertir a China en una nación de primer nivel dentro del deporte. El proyecto establecía diferentes objetivos para desarrollar escuelas, infraestructura, participación y talento.

Las metas eran enormes. Para 2020 se planteaba contar con 20 mil escuelas especializadas en futbol y que decenas de millones de niños y jóvenes practicaran el deporte. Para 2030 se buscaba que la selección masculina estuviera entre las mejores de Asia y, para 2050, que China pudiera convertirse en una verdadera potencia mundial.

El proyecto también estaba relacionado con una visión mucho más amplia del deporte. Para el gobierno chino, el futbol podía representar prestigio internacional, desarrollo de la industria deportiva y orgullo nacional.

El objetivo era tan ambicioso que incluía tres grandes sueños: volver a disputar un Mundial, organizar una Copa del Mundo y finalmente ganarla.

Pero había un problema: construir una selección competitiva no podía hacerse de un día para otro.

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El gobierno chino tiene la idea de ser potencia en el fútbol | Foto: Especial

El dinero llegó antes que los futbolistas

Mientras se hablaba de desarrollar talento, la Superliga china comenzó a convertirse en uno de los mercados más poderosos del futbol mundial.

Los clubes comenzaron a contratar jugadores que todavía estaban en plenitud. Oscar llegó del Chelsea al Shanghai SIPG por alrededor de 60 millones de libras, mientras que Hulk, Tévez, Ramires, Jackson Martínez y otros futbolistas de primer nivel también desembarcaron en China.

Durante un momento parecía que China estaba a punto de convertirse en un nuevo centro de poder del futbol.

Pero había una diferencia fundamental entre comprar futbolistas de élite y producirlos.

Los grandes jugadores extranjeros podían elevar el nivel de los clubes, llenar estadios y generar atención internacional, pero no podían resolver por sí mismos el problema de fondo: China necesitaba formar una generación de futbolistas locales capaces de competir contra Japón, Corea del Sur, Irán, Arabia Saudita y las principales selecciones del mundo.

El dinero estaba llegando a los equipos. El talento local no estaba creciendo al mismo ritmo.

La Superliga china se convirtió en una burbuja

El crecimiento fue tan rápido que el propio gobierno comenzó a preocuparse por la cantidad de dinero que estaban gastando los clubes.

En 2017, las autoridades denunciaron el llamado “burning money” o “quemar dinero” en el futbol y comenzaron a implementar medidas para frenar el gasto descontrolado. Posteriormente llegaron restricciones para los jugadores extranjeros y un impuesto a determinadas transferencias millonarias.

El problema era que buena parte de aquel crecimiento dependía de propietarios con enormes recursos, muchos de ellos vinculados a grandes compañías y al sector inmobiliario.

Cuando la situación económica comenzó a complicarse, el futbol sufrió las consecuencias.

La pandemia de COVID-19 agravó todavía más el problema. Los partidos se disputaron con restricciones, disminuyeron los ingresos comerciales y varios clubes comenzaron a tener dificultades para pagar salarios y mantener sus estructuras.

Uno de los casos más simbólicos fue Jiangsu Suning, campeón de la Superliga en 2020. El club dejó de operar apenas unos meses después de conquistar el título.

La imagen de aquella época de excesos terminó convirtiéndose en la de una burbuja que había explotado.

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En su momento, la liga china quiso convertirse en potencia futbolística con puro billetazo | Foto: Especial

¿Y las grandes estrellas?

La llegada de estrellas internacionales no fue completamente inútil. Algunos jugadores tuvieron un impacto deportivo importante.

Paulinho, por ejemplo, brilló con Guangzhou Evergrande, recuperó protagonismo con la selección brasileña y posteriormente regresó al futbol europeo para jugar con el Barcelona.

Oscar también terminó construyendo una carrera exitosa en China. El brasileño permaneció ocho años con Shanghai Port, ganó tres títulos de la Superliga y terminó su etapa en el país en 2024 antes de regresar a Brasil.

Pero esos casos no resolvieron el problema principal.

China podía contratar futbolistas extranjeros. Lo que todavía no podía hacer era producir suficientes futbolistas chinos de ese nivel.

El verdadero problema está en la formación

Aquí probablemente está la explicación más importante.

Una selección nacional no puede construirse únicamente a partir de inversión económica. Necesita generaciones de jugadores formándose desde niños, entrenadores capacitados, competencias juveniles fuertes, clubes estables y una estructura que permita que los mejores talentos lleguen al profesionalismo.

China sabía que ese era uno de sus principales problemas y por eso sus planes de desarrollo pusieron un enorme énfasis en el futbol juvenil y escolar.

Incluso la FIFA ha señalado en los últimos años que el futuro del futbol chino pasa precisamente por fortalecer el futbol de base y el desarrollo de jóvenes talentos. El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, destacó la importancia de la estrategia de la Asociación China de Futbol para colocar al futbol juvenil en el centro de su proyecto.

Y esto revela una paradoja: China tiene una enorme cantidad de personas que podrían practicar futbol, pero eso no significa que exista automáticamente una enorme cantidad de futbolistas de élite.

Tener 1,400 millones de habitantes aumenta el tamaño del potencial universo de talento, pero no sustituye la necesidad de desarrollar ese talento.

El futbol no se puede fabricar de la noche a la mañana

Otra diferencia importante está en la cultura deportiva.

Países como Brasil, Argentina, Alemania, España, Inglaterra o Francia cuentan con generaciones enteras que crecieron jugando futbol en escuelas, calles, clubes, academias y ligas locales. El deporte forma parte de su vida cotidiana y existe una estructura competitiva construida durante décadas.

China intentó acelerar ese proceso mediante inversión, infraestructura y políticas públicas.

El problema es que la cultura futbolística necesita tiempo para consolidarse.

No basta con construir canchas si no existen suficientes entrenadores especializados. No basta con abrir academias si los jóvenes no tienen una competencia de calidad. No basta con contratar extranjeros si los jugadores locales no tienen suficientes oportunidades.

Incluso la propia Asociación China de Futbol ha reconocido la importancia de fortalecer las organizaciones de base y el desarrollo del futbol juvenil. En 2018, la CFA presentó un programa de reforma que incluía apoyo económico a asociaciones locales y objetivos relacionados con futbol de base, formación juvenil y desarrollo de talento.

China no es potencia fútbol

La afición china al fútbol espera que pronto puedan ser potencia | Foto: Gerry Images

La corrupción y los problemas de gestión tampoco ayudaron

El futbol chino también ha tenido que lidiar con problemas institucionales.

Durante distintos periodos hubo investigaciones relacionadas con corrupción, manipulación de partidos y problemas de gobernanza, situaciones que dañaron la credibilidad de la competición y dificultaron la construcción de una estructura estable.

A esto se sumaron los problemas económicos de los clubes.

La crisis de Guangzhou Evergrande, uno de los grandes símbolos del boom del futbol chino, es quizá el mejor ejemplo. El club había sido uno de los proyectos más exitosos del país y llegó a ganar dos veces la Liga de Campeones de Asia.

Pero su propietario, Evergrande, entró en una profunda crisis financiera. La compañía incumplió pagos de deuda y posteriormente se declaró en bancarrota, mientras el club comenzó un proceso de deterioro que terminó con su salida de los primeros planos.

La historia de Guangzhou resume buena parte del problema: un proyecto deportivo construido sobre una enorme capacidad económica puede ser vulnerable cuando esa capacidad desaparece.

China tampoco pudo aprovechar el crecimiento de la selección

Mientras la Superliga atraía estrellas, la selección nacional no conseguía dar el salto esperado.

China disputó su único Mundial en 2002, en Corea del Sur y Japón. Perdió sus tres partidos de la fase de grupos y no marcó un solo gol.

Después de aquella participación, el país volvió a quedarse fuera de las siguientes Copas del Mundo.

Y el problema llegó incluso a una época en la que el futbol chino tenía muchos más recursos económicos que décadas atrás.

La ampliación del Mundial a 48 selecciones para 2026 ofrecía más oportunidades de clasificación, pero China tampoco consiguió aprovecharlas. Durante las eliminatorias sufrió, entre otros resultados, una derrota 7-0 ante Japón.

La selección china volvió a demostrar que el problema no era simplemente conseguir un boleto a la Copa del Mundo, sino construir una estructura capaz de competir consistentemente en Asia.

Entonces, ¿por qué China no es potencia en el futbol?

No existe una sola respuesta.

China no se convirtió en potencia porque intentó acelerar un proceso que normalmente necesita generaciones. La inversión económica permitió mejorar instalaciones, atraer jugadores extranjeros y elevar temporalmente el perfil de la competición, pero no produjo automáticamente una generación de futbolistas de élite.

A eso se sumaron problemas de formación, inestabilidad económica, cambios de políticas, corrupción, dificultades de gestión y una dependencia excesiva de la inversión privada.

El gran error fue confundir durante un tiempo el crecimiento de la industria futbolística con el crecimiento del futbol.

Una liga puede contratar a Oscar, Hulk o Tévez y seguir sin producir un mediocampista capaz de jugar al máximo nivel internacional.

¿China todavía puede convertirse en potencia?

El proyecto chino de futbol tiene como horizonte 2050, por lo que sería prematuro afirmar que el intento terminó definitivamente. De hecho, las autoridades y la CFA continúan hablando de fortalecer el futbol juvenil, las estructuras de base y la formación de jugadores, teniendo miras a lograrlo de una vez por todas.

La diferencia es que ahora parece existir una lección clara de aquella etapa de despilfarro: el dinero puede comprar jugadores, pero no puede comprar generaciones de futbolistas.

Si China quiere algún día competir de tú a tú con las grandes selecciones de Asia y posteriormente con las potencias mundiales, tendrá que construir desde abajo, algo similar como lo que ha hecho Japón, quienes se han vuelto una Selección Nacional de cuidado, ya que muchos de sus jugadores ya se encuentran en Europa por el proyecto futbolístico que llegaron a tomar y que lso tiene como potencia continental.

Necesitará niños jugando futbol, mejores entrenadores, academias eficientes, competencias juveniles de calidad, clubes financieramente sanos y una estructura que permita que los mejores talentos lleguen al profesionalismo. Y, sobre todo, necesitará paciencia.

Porque quizá esa sea la gran lección de la historia del futbol chino: una nación puede construir estadios en unos cuantos años, contratar estrellas en una ventana de transferencias y poner miles de millones sobre la mesa; lo que no puede hacer es fabricar una tradición futbolística de la noche a la mañana.

China tiene el tamaño, los recursos y la ambición para intentarlo nuevamente. Lo que falta saber es si esta vez podrá convertir todo eso en futbolistas capaces de hacer realidad el sueño que comenzó hace más de una década.


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